Mark Rutte, con esa patita cruzada de la manera más fina posible, sentado al lado del orangután apostador y comandante en jefe que insultaba y vociferaba en ese momento contra los aliados en Turquía, ha subido el nivel de finura diplomática par de rayas. 

A veces quiero la compostura de Rutte “yo no fui”, llegar a ese punto de oratoria estoica “inocentona” desplegada entre dos genocidas alegres, pero rápido recuerdo que estoy más por admirar las pegadas del campeón mundial superpluma de boxeo Macho Camacho. Y se me pasa. -MCC.

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