
Meditación tormentera
Por Manuel Clavell Carrasquillo
Redacción Estruendomudo
Siento el olor fétido de las entrañas del monstruo que nos digiere y las quemaduras por sus ácidos.
En medio de ese dínamo comienzo a meditar luego de leer versos de poesía cubana, maestra de la desolación caribeña. Lezama Lima, Virgilio Piñera, el gordo y el flaco, queerdiablitos habaneros aplacadores de tormentas.
Cierro a tres cuartos los ojos, cuento cinco respiraciones, escucho un tintineo y una rueda de carro que se barre en el agua de una calle de la zona manglaria.
La oscura pradera y las raíces expuestas me convidan iluminadas brevemente por luciérnagas.
Quedo atento soplando un mantra al azote de la ventolera y los intrusos.