Por Manuel Clavell Carrasquillo

Sentí el olor a gandinga caminando por el vecindario.

Sometido a la ley de las ancestras que me entró por el hocico, cociné hígado vegano (setas guisadas) con corazón asado ‘plant based’ (remolacha al horno).

Es el plato más ‘sangriento’ que he comido en meses.

Me siento como vampiro de la serie True Blood: intoxicado

con la réplica

de una esencia

que recuerdo.

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