Eso de que Tite Curet era cartero de por ahí y por allá y repartió miles de cartas cerca y lejos de Cangrejos y barrios limítrofes tiene que haber pesado en el poeta, esponja y grabadora de tantas historias contadas desde los sillones de balcón, con la alta temperatura de la calle que amerita regalos de vasos escarchados de aluminio con agua fría, café a toda hora y por cualquier excusa de chismear con el que trae la correspondencia, y el ruido metálico del abreycierra de los buzones enumerados entre arbustos de cruzdemalta en aquellos zip codes cocolos de los setenta y ochenta. De esos reccorridos en días lluviosos y rodillas estilladas en que los perros bravos con peste a mojao frontean en Puerto Nuevo, quizás, fue que salieron los versos de “Tengo ya el presentimiento / Barrunto en mi corazón”. Alabanza en el centenario del maestro con Magali Carrasquillo e Ivette Chiclana en el imperativo de la memoria negra. ¡Canta, Cheo!
-mcc

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