October 31, 2006

El David de Miguelángel (Postmodern version)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en estruendomudo

Albert Miron 164

October 31, 2006

Crónica de un recital poético boricua: La actividad de Kattia Chico en Caguas

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

WallPosterEscribe Pepe Liboy
Especial para Estruendomudo

*Nota de la Redacción: Este texto resume la tétrica situación de los recitales poéticos en el país (la palabra improvisación, la palabra cursilería, la palabra sin ton ni son) aunque no estamos seguros de que Pepe esté de acuerdo con ello.

Los albures de la actividad empiezan a verse el viernes. Mi antiguo editor de Filo de Juego, Rafael Acevedo, presenta un libro de poemas, Moneda de sal, que contiene una variedad de comentarios sobre el mundo de la economía, y en particular un comentario de finanzas, el poema “Objeto de Valor”, que se refiere específicamente a la maternidad subrogada. Por cierto, el poema es un comentario crítico a lo que el poeta considera una excesiva glorificación de la capacidad reproductiva. A esta actividad yo no fui invitado, pero compré el libro, y constaté al menos que el tema de la embriología empieza a ocupar un lugar de importancia en la obra de muchos escritores. Pero claro, lo que a mí me interesa comentar es la actividad en donde recitaron Hjalmar, Kattia, Yara y Provi Sein. Kattia Chico se ocupó de invitarme personalmente, y como la actividad estaba pautada para las siete de la noche, en Caguas, salí como una hora antes para llegar a tiempo, porque hay tapón hacia allá a esa hora. Lo interesante es que la escritora no sabía en dónde se celebraba la actividad, y cuando llegué al Centro de Bellas Artes, encontré las puertas cerradas. No obstante, a eso de las seis y media, apareció en la placita un muchacho con una sombrilla. Se llamaba Rafael, igual que mi antiguo editor, y nos dedicamos a buscar el sitio en donde se iba a celebrar el recital.

En un pub nos dijeron que la actividad se iba a celebrar en el teatro Arcelay, que estaba al otro lado del pueblo. Por poco nos vamos andando hasta allá, si no es porque pasó un automóvil de cuyo interior salió la voz de un hombre preguntando: “¿Dónde queda el Museo de Arte de Caguas?”. Entonces recordé que la escritora me había mencionado algo sobre un museo. Rafael y yo nos acercamos a la entrada del museo, pero no vi caras alegres cuando me asomé, por lo cual estaba a punto de irme, cuando mi amigo decidió preguntar si era allí donde iba a celebrarse el recital. La respuesta fue afirmativa, y como quince minutos después llegó la escritora y me dio un besito. Le presenté a mi nuevo amigo, y ella decidió llevarnos a todos al bar del Centro de Bellas Artes, que quedaba frente al Museo. Allí le pregunté sobre “El corazón de Voltaire”, ya que aunque Kattia casi no habla de escritores, esa obra me la ha mencionado. No sé si saben que “El Corazón de Voltaire” comenta la reescritura genética con la filosofía educativa latinoamericana. La incompatibilidad genética del corazón del héroe francés con la de sus descendientes se explica con la idea de la sustitución de un maestro por otro, y no por la reinscripción de una segunda madre. Rafael, que parecía estar sustituyendo a mi antiguo editor, estaba con nosotros y cuando llamaron a la poeta a recitar, me preguntó sobre la obra de López Nieves. Y yo le dije:

-Bueno, yo no sé si tú eres el Rafa para el que yo escribo. Yo solía escribir cuentos para un señor Rafael Acevedo, y el autor de “El Corazón de Voltaire” me bromeaba por eso y de hecho escribió un libro titulado “Escribir para Rafa”. Claro, la poeta no sabe si tú eres el Rafa para el que yo escribo, ya que el que pasa por mi editor escribió un libro de economía. O quizá eres tú y yo no lo sé.

La actividad empieza como a eso de las siete y cuarenta y cinco. La actriz Provi Sein comienza a leer un cuento, “Memoria de un Eclipse”, que trata sobre una mujer soltera. Parece un cuento denigrante de la esterilidad femenina, pero no es así, sino una especie de mundo alterno justamente al hecho de la crianza y la maternidad. La poeta Yara Liceaga siguió entonces, leyendo un texto sobre el hecho de que sus amigos de escuela la hayan olvidado. Kattia leyó “La Señora de los Gatos”, que es un poco el mismo tema de “Memoria de un Eclipse”, pero con un transfondo rural. Hjalmar Flax, entonces, leyó sus poemas de adolescencia, que contiene el libro “44 poemas”. Las otras intervenciones no las seguí en detalle.

Llama mucho la atención que el programa de la actividad, que estaba contenido en un catálogo de pintura, tenía amplia información sobre todos los participantes, a excepción de Kattia. Al parecer, la propia poeta no deseaba dar un transfondo profesional muy grande, y sólo aparece en el programa como poeta. Y eso es muy creativo y llamativo. Mi amigo Rafa se fue cuando la actividad terminó y no se quedó para el ágape, en donde Hjalmar me habló de la edición de “44 poemas”. El vendió una primera edición de mil ejemplares, hecha como subconjunto de un libro más grande, “144 poemas”, que es un trabajo con su primer editor. El libro se vendió a $1.50 de 1969. El libro de mi antiguo editor cuesta $14.00. Kattia Chico no habló de planes sobre un segundo libro, aunque es grato verla en esos recitales. Yara Liceaga, que es quien más escribe sobre embriología en su época, no ha hablado sobre su libro de cuentos. Por cierto, en la actividad estaba presente el autor de “Fracturas del Devenir”, que reseñé hace poco en Noctámbulo.

October 31, 2006

Francotiradores

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

francotiradorEscribe Chloé Georas
Especial para Estruendomudo

a Emanuel en la 65 de Infantería

hay lugares donde la desolación decora los espacios
abulta túmulos de humedad en las paredes
helando vacíos con sus exhalaciones

esas paredes conocen la mecánica de las heridas
cuántas caricias suman a una traición
cuántas cicatrices suman a un cuerpo

nadie sanará la sal de esta estancia
nadie contabilizará el éter de este desastre
nadie compartirá este cielo de varillas explotadas

hay lugares donde cuchillos suspendidos conjuran sobre juegos distraídos
donde un francotirador espera horas por el arqueo de una espalda en plena carcajada

para disparar

y sólo pregunto

¿acaso no será la calma el mantel blanco que esparcimos sobre las masacres?

***

Chloe Georas

Chloé Georas dixit:

El sábado, 4 de noviembre de 2006, se presentará mi libro-objeto rediviva: lost in trance . lations (Isla Negra, 2006) en la Librería La Tertulia del Viejo San Juan a las 6:00 P.M (Calle O’Donnell 204, frente a la Plaza de Colón). Aunque es la segunda edición del libro, es la primera vez que sale como libro-objeto. Es una reinterpretación que hice a mano antes de la primera edición (Libros Nómadas, 2001). Exploro la figura de una migrante como habitando un estado alterado de conciencia que necesariamente antecede el acto mismo de toda escritura. Como objeto, trato de visibilizar las costuras de la forma y estructura de un libro bilingüe como acto cultural. La presentación del libro estará a cargo de Dorian Lugo Beltrán. A todos les extiendo una cordial invitación.

October 30, 2006

Urayoán Noel y la lógica kool del capitalismo tardío

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en pretextos

kool logicEscribe Manuel Clavell Carrasquillo

Qué kool, vivimos en un vecindario global, con acceso a Internet y a E-Bay, música punk de los 80 más la de Pavarotti y Residente Calle 13. Nos tomamos un capuchino con canela y, para salir, nos vestimos sexy. Nos pueden enviar drogas de diseño por correo, comemos tofú en salsa de tamarindo, alcapurrias fritas en manteca y pagamos suscripciones de revistas de moda y clubes pornográficos con la American Express Blue: For Students.

Queremos tanto a Ricky Martin, bailar bomba, apoyar la causa de las ballenas en peligro de extinción y tener senos más grandes. En fin, cultivamos una “decadencia solemne”, según el escritor y performero Urayoán Noel (San Juan, 1976), autor de La lógica kool / Kool Logic, un poemario en dos idiomas, neón y mohoso a la misma vez, publicado –tres mil copias– por Bilingual Press, en Tempe, Arizona.

Vinculado a la Universidad de Puerto Rico desde su nacimiento, pues sus padres son profesores, Urayoán estudió inglés en la Facultad de Humanidades y pululó por los pasillos del cuadrángulo haciendo performance de la cultura del capitalismo tardío. (Whatever that means!). Unas veces aparecía entre los bancos de la placita Antonia Martínez con guayaberas gastadas o camisas playeras y gafas Ray Ban, recitando variaciones de los poemas de Darío y Palés Matos. Otras, irrumpía hambriento a las sesiones del Senado Académico con la intención de devorar los vegetales y saludar a los intelectuales. Cargaba discos de pasta negra de los trovadores Ramito y Chuíto el de Bayamón, al tiempo que aparecía por las ventanas en las fiestas de la gente progre de la escena del perreo-rocker en mahones bell-bottoms y camisas del Salvation Army.

El artista se graduó y partió para Stanford, California, donde permaneció un tiempo antes de completar una maestría en Estudios Hispánicos y radicarse en Nueva York, donde ha ofrecido cursos de alfabetización para adultos, se juntó con una banda musical llamada “Petit Object A” y autogestionó su primer poemario, Las flores del mall (Ediciones Alamala, 2000), concebido como un objeto en forma de disco compacto hecho de cartón, tornillos y tapas de plástico con textura espinosa.

Sus palabras sorprenden por lo que significan y por las formas en que están organizadas. Por ejemplo, en el poema “The Wayside Story”, cultiva la décima jíbara para enmarcar en el idioma “difícil” y en el estilo cínico asuntos de inmigración y exilio a los Estados Unidos: “Didn’t need no gear for scuba/ I just swam like an amphibian/ All the way through Caribbean/ From Port-au-Prince to Aruba./ Gloria Estefan croons ‘Skip Cuba!’/ (Her chords crack at every octave),/ Yo, fish, watch me move groove rave/ I reach shores lined with debris…/ Hip-hip: the land of the free!/ Hoorray: the home of the brave!”.

Al igual que la agrupación musical Súperaquello y el pintor Rabindranat Díaz, entre otros, Urayoán maneja la estética “modernista pop”, según confiesa en la revista de literatura latinoamericana Katatay, distribuida en Puerto Rico. Estos jóvenes de la generación de los noventa agarran la tradición preciosista para acercarse al público a través de una “lógica kool”, que es la intención de crear a partir de la basura del glamour: con el encanto de las estrellas del espectáculo pero con el damage intelectual de los universitarios fabu. De esta forma, el título del poemario no sólo se refiere al contenido del libro –la relación entre el capitalismo y cultura– sino también al modo de pensar de varios exponentes del arte en el país.

No observa “desde afuera” el caos postindustrial y luego escribe sobre lo que ve como si tuviese que advertir sobre los “peligros” del momento. Todo lo contrario, el escritor se encuentra inmerso en las dinámicas que lleva al plano de la escritura y los escenarios, porque muchas de sus piezas se conciben también para recitarse. Ése es el caso del poema que le da título a la colección: “Cantémosle al día mítico/ de la identidad holograma,/ quince minutos de fama/ (veinte si eres político);/ ya salió el sol sifilítico/ de la era del vacío, lanza su luz desigual:/ la lógica cultural/ del capitalismo tardío”.

En esos versos queda resumida la propuesta: sustrae cientos de imágenes de sus experiencias y las condensa en proposiciones filosóficas. No hay crónica del “vecindario global” en general, o del barrio isleño-nuyorquino en particular, sino descripción del flujo o el pace de unos estilos de vida que se dan en el contexto posmoderno. Entre ellos, resaltan el del “burgués atorrante”, el del trabajador de cuello azul o el “empleado del mes” que no progresa a pesar de las promesas, amas de casa entregadas al “zapping” y habitantes de los “suburbios lejanos”, “chalets con detalles dóricos/ y sirvientes bolivianos”. Quiere que pensemos sobre las alturas del lujo, para que gocemos mientras nos deja caer en el vacío del espanto.

Como contraste, hay poemas que señalan un “escape” de la máquina de reproducción de los sentidos de la “lógica kool” asumida y desmontada. Somos “estrellas de mar fallecidas en un mar mohoso”, piensa el poeta, pero en textos más herméticos como “Lost and Found in Taksim Square”, “Next Exit” y “Greetings from the Upper East Side of My Brain” hay solución aparente. De la influencia de Pietri, Ginsberg y otros íconos esotéricos proviene el dictum profético reconstruido de un sueño en Turquía: “For I have seen the sunrise/ Over the empty square:/ Commodity culture with its/ Tacky makeup and its heels/ […] But I’m not impressed/ I have seen a better place: Our friends are waiting there with open arms/ In that railway/ Into the heart of the real”.

Complementa el libro con un DVD que incluye un performance en el que recita los poemas con su banda. También, una entrevista sobre sus orígenes, influencias, su preocupación por el ritmo y la forma. Este estímulo adicional, que –como el libro– sólo se consigue a través de Amazon, proyecta nuevas luces sobre un poemario brillante y provocador a pesar del mood sombrío de “cómica pesadumbre”. El poeta-performero intercambia pavas jíbaras con boinas, palabras en espanglish y sonidos extraños. Hay una gesticulación que le da “materialidad” a lo que dice, una concreción que atrae a los espectadores en el mismo segundo en que los desencaja.

Qué kool, Urayoán escarba en el terruño y saca un subway, rebusca en las identidades y encuentra ambigüedad, viaja en clase económica con I-pod y aterriza en Wal-Mart, estudia literatura hispanoamericana y da lecciones Zen, enarbola el “¡Yo acuso!” y termina postrado en una montaña rusa de parque temático. No en balde reestructura desde “fuera” la inamovible tradición literaria boricua al plantear que: “If it’s true that the masses are asses/ then the poet is their wipe”. Habría, para adentrarse hasta el límite del tedio y reaccionar a esta propuesta artístico-política, que leer con fruición esa función poética y seguir experimentando con las posibilidades del “modernismo pop”.

UrayoanNoel2

En la foto, Urayoán Noel. Esta reseña fue publicada originalmente en el número de noviembre de 2006 del periódico Diálogo, de la Universidad de Puerto Rico.

October 29, 2006

Pronto nuestro correo llegará dos calles más abajo del apartamento de Miramar

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en fragilidad

cartaEscribe manuel clavell carrasquillo

A juan

yo me enamoro de la salida de casa, de la forma en que se ve la bahía desde allí, piso alto y claro, horizonte despejado para que se note la calma del apartamento sin nosotros en la despedida de una particular apreciación de la presencia del mar.

anoche encontré la primera cucaracha por allí, como si luego de dos años de mirarnos y tocarnos en cada espacio del hogar hubiese sido transformado por la sombra de un insecto que llega justo cuando ya nos vamos a mudar.

decidí que no proceden malagueros (malditas diéresis), cábalas o cartas por echar.

al carajo con lo que se supone que digan los mapas, los cambios de hora obligatorios de acuerdo con la reglamentación del imperio, el imperio en sí y todos sus detractores, la lógica binominal.

eran los lugares asignados en el futón para cada uno -esos van a ser nuevos- y también cada ceremonia para entrar y salir del baño azul y el baño rosa. ¿no te parece?, qué división arquitectónica genial!

October 29, 2006

Bloody Mary

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

Ana MendiettaEscribe Rodrigo Köstner
Especial para Estruendomudo
Imagen de Ana Mendieta

Esta noche escribo mi nombre en las paredes
con la sangre de mi chocha
”.
-Nemir Matos

Sosiega un poco,
Nemir.

Y siéntate.

Descansa un momento aquí
y ofrece
el duro pestorejo

a la serenidad de la tarde,

al recogimiento íntimo
de las emociones delicadas.

Sosiega un poco,
Nemir.

Y cálmate.

Que al cabo soy yo,
solamente yo,

quien tiene luego
que limpiar
cuidadosamente

las gradas del humilladero

y estas paredes
tan encarnadas e intensas

como el rojo crudo de las encías,
la precipitación del colorete
o el alambrado de los braseros.

Víctima de rúbrica rojeante
-rojura en mí mismo-,
no tendré ya por manos y lengua
más que un mísero trapo menstrual
roído por el vano esfuerzo de un hombre
explotado en su restregadura.

Sosiega un poco,
Nemir.

Y aguántate…

Pero no.

El reposo no es para ti.
Tú necesitas la animación, el ruido, el tumulto.

Tú necesitas ir a las ferias.

October 28, 2006

Portal astral para salir del Estado Libre y Asociado (Crónica del día de antes)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en incontinencia

knifelicka smallEscribe Manuel Clavell Carrasquillo
Ilustración de Ethanbeeart

me puse a leer la biblia en el Parque Central, atravesé los charcos de fango de las veredas lapachando, como si quisiera marcar las páginas finas con marrón oscuro. cuando me dispuse a beber agua, recordé mi nombre y me dio asco, vi a las niñas cruzar la calle hacia los brazos de su madre y me di cuenta de que tenían las bocas llenas de galletas. los párpados se me cerraban al unísono (creo) y voltié la vista hacia la derecha. enfoqué el punto luminoso del portal astral que me transportó fuera del Estado Libre Asociado. Bye, Kansas, ese cliché de Dorotea wanna-be dije. terminé la tarea hidratante y hacia allá dirigí mis pasos. atrás dejaba el asunto de las certificaciones de puertorriqueñidad que estaba expidiendo el Departamento de Estado, proyectos de mudanza, estadistas corruptos, ilusiones. en ese instante, se sucedió una serie de imágenes nefastas en mi mente. me vi leyendo un mamotreto inacabable en la biblioteca de la escuela de Derecho, cortándome las uñas, vomitando 14 cervezas, viajando por periodos breves a la isla vecina de Culebra, eructando. acto seguido, llegaron las siluetas de par de frustraciones, unos osos polares en peligro de extinción y la familia de William Elías Amigo, que es postpentecostal y vegetariana. Mari Bras no dejaba de acosarme a pasar de que estaba decidida la salida abrupta: puño alzado, vestido de guayabera blanca y pantalón negro, el viejo líder del partido socialista me convidaba a afirmar mi sentimiento patrio exigiendo la certificación de la ciudadanía puertorriqueña. la boca se me llenó de un sabor agrio. escupí. quise desaparecer, pero no lo hice porque el propósito de la pasión es que lo oculto se vea (Cerati). otra niña llegó a la memoria, de pelo afro, gritona. era una prima lejana. la saludé, no le pregunté por la resolución del pleito de la herencia. eso me acordó que quise pagar mis cuentas por la vía electrónica antes de que las culpas se convirtieran en recargos. quise bailar un poco de reggaetón de Wisín y Yandel antes de que en el canal 2 saliera a predecir el estado del tiempo el reportero meteorólogo y tuviese que cancelar el viaje. quise que me quisiera un amante nuevo, distinto, feo. una vez maté a un puerco y usamos la sangre para rellenarle las tripas con arroz, eso -más el sofrito necesario- se me atravesó en la molleja. una vez comí mierda para complacer a un jefecito que pasaba lista, a los colegas, a las amigas de la infancia. después, justo luego de pasar la página, envié un mensaje de texto y lo contestó Mayra Montero, que tanto los odia, sobre todo aquéllos que desembocan en actos pedófilos. ¿yo sería pedófilo cuando siendo niño tenía relaciones con otros pequeños? creo que no, que eso no me hace pedófilo. quizás embustero, de profesión, de cariño, pero al fin y al cabo, antes o después del umbral astral que tenía de frente, falsetto.

October 28, 2006

No será la Tierra, no será

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en pretextos, utopía

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

Lenin ca  doAl terminar la nueva novela de Jorge Volpi, licenciado en Derecho de la UNAM y doctorado en letras de la Universidad de Salamanca, (una copia clandestina que circula como plutonio entre la élite letrada de San Juan, donde aún no está disponible para el público) siento una sensación de tragedia ante el peso de la herencia del siglo XX que heredé. Entre el desastre nuclear de Chernobil y la víspera del recibimiento del año 2000 con su virus Y2K, atravesando la caída del muro de Berlín y la constitución del mapa del genoma humano, los personajes femeninos, grandes esbozos de tesón y crueldad, como lector me desintegro en las luchas corporativas de los Estados Unidos y la gran cruzada de la privatización de las empresas estatales ex soviéticas. Me corto la piel con las navajas de Oksana, poeta lesbiana heredera de Ajmatova, desquiciada en el fin del mundo, helada y prostituida frente a las costas del mar de Japón. Los negros de Zaire burlan las reglamentaciones del Fondo Monetario internacional dirigido por Jenniffer Moore, y los niños van a Disney World para que sus padres se despejen del tedio de la vida profesional. Con este texto que ficcionaliza el Almanaque Mundial, Jorge Volpi culmina su gran trilogía novelesca del siglo de las dos equis, que comenzó con “En busca de Klingsor” y medió con “El fin de la locura”. volpiUnos científicos mal atinados desatan un accidente nefasto con polvo de Antrax, los palestinos se entregan al terror, las acciones suben y bajan en Wall Street y en México el PRI desangra el presupuesto gubernamental. Hay un periodista, luego asesino, que descubre los secretos más despreciables de los últimos cien años, muere Stalin y todos, junto a su cadáver lleno de gusanos, y la remoción de las estatuas pétreas de Lenin en las plazas públicas de Europa Oriental, nos vamos pudriendo con él. Sadomasoquismo puro, el gran espejo de Stendhal echo añicos por Carlos Fuentes en “El espejo enterrado”, las partículas de la soledad, el engaño y la devastación. Jorge Volpi, ¿qué has echo conmigo? A pesar de tus palabras, del repaso que me has hecho hacer de la decadencia de la que soy hijo y que promuevo (tanto te extraño Gorbachov), debo continuar. Esa vocación ilusa del deber, unas protestas antiglobalización en Seattle (lacrimógeno termino, sin gas), el hundimiento del Raimbow Warrior en el puerto de Nueva Zelanda, la alegría de haber derrumbado la cabeza de Lenin con mi imaginación y pintarle los labios de rojo con un pote de esprey, ¿qué sigue? Tú lo has dicho: nada puedo hacer, aunque tengo dudas, y la Tierra, pues esa utopía estúpida, definitivamente, no será.

Volpi, Jorge. “No será la Tierra”. Alfaguara: 2006, México, D.F., 517 pp.

October 26, 2006

El topos de la siesta

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

Raquel g

Escribe Juan Carlos Quintero Herencia
Especial para Estruendomudo

La autopista límpida

nunca cimentada

nuca virreinal sementada diríase,

la autopista del marfil lumínica hasta la novedad,

liada al horizonte por escasamente treinta minutos,

teñía de blanco el cielo.

*

La autopista de mi sueño

sin referentes,

ni una trinitaria dejada a la soledad de su espina

ni un caobo sobre su gruta de moñas,

ni el llano ni la ubre que pasta,

nunca el templo ni sus banderas.

*

La autopista entre el mármol y la cal, perfecta,

discurro allí sobre mis nalgas

sin auto ni panteras

como en la patineta infantil pero inaudible,

entro en un carril

procedo a pagar el peaje y

descubro —imposible colcha—

que el receptor #3 no recibe monedas.

*

Avergonzado me retiro

sobre mis nalgas —claro está— bonito día

sin auto ni panteras

como en nueva patineta siempre inaudible,

preocupado por no alterar al sensor,

al ojo computadorizado

que ha medido presto el tamaño de mi deuda,

dejo mis sandalias sobre la pista,

a mi lado an overworked mother is in the process of losing all her money,

el terminal inaugura la eterna espera junto a las autoridades

y el receptor #3 no recibe monedas.

*

Me deslizo al carril de la derecha

sobre mis nalgas

sin auto (si hubiese escuchado un anfibio despertaría sobresaltado por su eco)

cuento mis monedas

son 30 rublos,

260 pesos brasileros 3 pesetas

pero ahora esta sección no es autopista

es parada de Metro pues veo los tornos de la entrada.

*

El terminal límpido esplendente

acuarela de leche

blanco sobre blanco

espada borrada,

me pongo de pie —erguirse es un anacronismo—,

al otro lado de este Nilo de hielo

asciende desde el fondo de un espejo

una familia tibetana,

el padre lleva su mano al oído —tan largo deambular—

simulando el gesto de un lakota antes de la estampida,

el tren no se gotea,

no sé por qué espero.

*

Miro mis pies desnudos —no me he cortado las uñas—

sigue el tintineo del carril opuesto intervenido por mis sandalias,

el aire que no estuvo flotando

ya se acercan las palabras de mi madre en torno a la necesidad insular

de ir al baño antes de recorrer la vereda-bonita palabra-

atadas a un globo que se extiende en el horizonte

se lee en la bóveda celeste: “Estado del Tiempo para hoy”.

*

Recuerdo mi promesa de grabar la especificidad de ese instante,

sin auto ni panteras.

12 y 14 de octubre de 1994, 20 de abril de 2003 y 25 de diciembre de 2005, Río Piedras y Silver Spring. (Del poemario inédito “El libro del sigiloso”.

Imagen: “Area Metroplatinada” (2004), Raquel Quijano, colección del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico.

October 25, 2006

La Trinidad

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

Graeme Harris Threesome 205327Escribe Lorimar del Río
Especial para Estruendomudo

¿Qué es la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Fantasma Santo.
¿Cuál es más importante de los tres? El Padre, el Hijo y el Fantasma Santo.
¿Cuál es tu favorito? El Padre, el Hijo y el Fantasma Santo.
¿Cuál es el mejor? El Padre lo creó todo, el Hijo lo sacrificó todo y el Fantasma está siempre conmigo y me extasía.
Yo tengo mi propia Trinidad. Es mía y soy de ninguno.
“I’d sell my soul
My self-esteem a dollar at the time
For one touch, one kiss from you
My black madonna”.
(A Perfect Circle)

Nelson era quien me esperaba al final de la escalera. Yo sabía que estaría allí siempre. Veía su Bronco negra vieja rota llena fangosa sucia negra y malvada en la entrada, donde un guardia le daba un boleto por dejarla allí plantada e irme a esperar al final de la escalera con su guitarra negra en sus negros brazos. Sus ojos negros me miraban felices pero malvados hirientes y traicioneros obsesivos cantantes y poetas con alegría. Su pelo marrón -pero prefería verlo negro- como su alma y su amor y su oscuridad y su corazón. Su sonrisa daba miedo, yo le tenía miedo a los payasos y su sonrisa pertenecía al circo como un fenómeno que me volvía loca irracional feliz excitada y sonriente. El ambiente lo veía como si fuera blanco y negro y una película silenciosa muda sin sonido su única música la música de su negra guitarra que tocaban sus manos dedos y uñas pintadas de negro. Las flores moribundas y los mangos tirados putrefactos en el suelo que daban un olor dulce pero amargo que detestábamos tanto él como yo.

Bajé las escaleras asustada. Nelson era fuerte, tenía tanto poder sobre mí como Lucifer y el Cuco. Él era esa droga que me llevaba a la recaída, estaba adicta a su piel y a sus golpes, a sus caricias y sus canciones y a esa insistencia que veía al sentirlo al final de la escalera. Me llamaba Lisa, Lisa escúchame, somos iguales tú y yo. Tú eres luz y yo oscuridad, tú eres el vacío que yo quiero llenar, tuyo es el culo que quiero chichar. Me cantaba su canción y yo pretendía que no lo veía, quizás era una ilusión del calor y los mangos y el poco desayuno de la mañana.

Él era el castigo que tenía que recordar por serle infiel aunque no lo veía hace siglos, serle infiel aunque no estaba con él, no era su amiga hermana mujer esposa esclava novia ya hace mucho. Serle infiel por enamorarme de otro y darle mi cuerpo, lo único que pensaba que Nelson pensaba que tenía, darle mi culo porque ya no me pertenecía. Él se reía al ver que yo no podía dejar de mirarlo, era como un desastre en el Medio Oriente, como un terremoto en Indonesia, como un accidente fatal en Guajataca y yo reducía la velocidad para observa y preguntarme quién había muerto en el lugar de los hechos: ¿El o yo? Era lo que había deseado, ama de casa joven y soltera estudiando sin llegar a ser.

Nelson me decía que cantaría mis canciones en sus conciertos y gritaría que compraran mi novela poemario antología en la mesita de la entrada. Después decía que nos iríamos a nuestro apartamento que solo tendría un mattres tres mil libros 150 libretas una cantidad inmoral de bolígrafos su guitarra y la droga. Me perseguía y yo me sonrojaba por lo que decían sus letras. Me tomó por el brazo como Mil hace cuando me quiere besar y viré la cara pero me tomó fuertemente y, en un rincón que intentaba reprimir de mi cerebro, deseé que lo hiciera más fuerte y que me dejara marcas, que su mano quedara tatuada en mis nalgas, sus labios en mi pecho y el cuchillo en mi muslo. Sentí su mano entre mis piernas y su voz airada en mi oído. Repetía y repetía que había escapado sólo para verme una vez más. Ya no se enmudecía por sus drogas pastillas y le cantaría al mundo sobre cómo fue que le dije no.

Me tuviste una vez, quise sacrificarlo todo por esa y tú destruiste traicionaste heriste rompiste el corazón. Los escuchastes a todos menos a mí, no me besaste. Al final me ofendiste me ignoraste me golpeaste donde más me dolía, todo aquella vez.

“You’re strange and you’re beautiful…
I’ll put a spell on you, you’ll fall asleep
And when I wake you, I’ll be the first thing you see
And you’ll realize that you love me”
(Aqualung)

Estoy recordando la primera, que en realidad fue la tercera, porque la primera no teníamos condón y no quería la sangre. La segunda, no soportaba el dolor. Él se estaba mudando de apartamento y habíamos pintado su cuarto de azul y azul su techo y azul su cama y azul la ventana por la que se veía el cielo azul del resto. Fuimos en su auto azul porque no quería usar el mío porque su carro es mucho más nuevo y lindo y mucho más azul. Mil tiene un tatuaje azul en su espalda y quisiera que se tatuara bien grande Lisa para así estar segura que nunca me olvidará y que siempre recordará el vencimiento de mi virgo.

Cuando llega de trabajar huele a cigarrillos y a perfume barato de mujer con una mezcla de gomas y gasolina y ese olor me da sueño me da deseos, deseos de soñar su leche dentro y de crear un nuevo sapiens que será su última prueba de amor y la seguridad de la relación eterna con él. Su cuello es ancho al igual que su espalda y sus brazos grandes musculosos atléticos que podrían soportar mi peso en una mano y sus quizás –si necesita ayuda– en sus manos grandes frágiles delicadas artísticas. Cosa aparte: sus pies son más grandes que los míos y sus labios también.

Me siento feliz y me despido de las pastillas y de las sombrillas mentales para evitar la lluvia de la depresión cada vez que pienso en Nelson. Él me hace cosquillas y yo me río enloquecida y feliz porque él me ama y yo lo amo y nada me separara de él. Cuando me deje, lloraré y me humillaré porque sólo quiero ser el asiento para sus pies y la que está siempre ahí, de nuevo virgen, para que tome a una siempre en mí por el resto de su vida soy yo. Y me gusta enredar mis dedos en su pelo y en su pubis y sonrío. Lo tomo de la mano y nos vamos juntos a comer y él me llama Lisa, Lisa, bésame. Yo lo beso y vuelvo a retomar la novela pues tengo que salir bien en las clases si quiero poder seguir estudiando por el resto de mi vida y él me dice de nuevo, Lisa, deja de leer.

Nos detenemos por un helado y él pide de maíz. Yo de parcha. En el carro azul volvemos a su casa y allí sonrío de nuevo. Tiene en su cuarto una pintura azul y allí me veo más hermosa de lo que soy, estoy sentada en ropa interior y él esta allí, pero detrás. También hay una botella vacía de Gatorade condones usados cepillos navajas pinturas y su computadora. Me cuenta de cómo los dos somos más parecidos de lo que parecemos, yo con mi pantalla en la ceja y cabeza afeitada y él con pelo largo y azul y el tatuaje en la espalda.

Me pregunta por la cicatriz del muslo pero le digo que fueron locuras de juventud, locuras de amor, locuras que repetiría por él. Me besa la cicatriz y me zumbo de espalda hacia la cama azul y siento que su boca es como un niño mío recién nacido que llora y llora y mama de mi interior. Cuando está adentro, me abofetea y se disculpa pero aun así continúa más rápido y más rápido y me grita Te amo y yo sonrío sin llegar al orgasmo porque no necesito decirlo. Yo sé que lo amo. Entonces me dice Ahí se fueron mis bolas azules y, aunque él intenta, no llego al orgasmo y lo beso diciendo que está bien y me duermo en su cama azul temiendo serle infiel a él también.

“I am the most beautiful Boogie man
The most beautiful Boogie man
Let me be your favorite nightmare
Close your eyes and I’ll be right there”
(Mos Def)

Y empezará casualmente. Tendré la sortija de compromiso que me dará Mil en mi mano derecha pero a él no le importará. Él me verá con mi iPod Nano y me enseñará la suya. Como somos almas o cuerpos gemelos por tener la misma iPod el mismo deseo la misma canción y la misma clase. Me dirá que le gusta mi pelo que, afeitado, está pintado de rojo; como el suyo. Tendrá una pantalla en su labio, en la ceja y un tatuaje en el cuello, tendrá un bulto de cuero lleno de libros de música de calculadoras que no sirven y de lápices mecánicos sin punta. Después vendrán las miradas sospechosas en clase y después las excusas de grupos de estudio en su casa pero los únicos participantes seremos él y yo.

Bart entonces me hará sus chistes de superioridad intelectual ante todos y me enseñará sus dientes blancos y sus encías rojas: carne viva. Entonces, con su bolígrafo rojo me escribirá en el cuerpo su poesía y me tomará fotos que jurará nunca enseñar, luego irá a su cuarto con la bombilla roja y las revelará y las pegará en sus paredes junto a las noticias trágicas del mundo. Yo seré parte del mundo algún día, sí, pero después de estar en sus brazos.

Luego le diré que me voy a casar y él sonreirá y Bart me dirá que en el siglo once un monje llamado Andrés de Capellanus escribió que el matrimonio no es excusa para no amar. Entonces buscaré excusas para comprar ropa interior roja e iremos al motel, donde diremos nuestras excusas para no hacer nada pero yo no podré resistir el deseo de bañarlo en mi sudor y limpiar su testa con la lengua. Él me halará el pelo que no tendré y me ahogará, cansado, en su pasión. Luego me susurrará al oído cosas que nunca volveré a escuchar y le recitará poesía directamente a mi ombligo mi pierna mi pie mi labio y mis ojos.

Le dejaré una marca roja en la espalda donde mi uña le dirá que será mío y sus dedos en mi boca me dirán que yo era mía y lo mío volvía a mí. Entonces, cuando me vaya a besar, al final, lo abofetearé y volveremos a la cama, donde de nuevo violará mi garganta boca labios y yo lo obligaré a ser de nuevo mi hijo: tendrá, que salir de entre mis piernas. Su puño será lo único que entre junto a su lengua y luego suspirará porque deseará que yo sea suya. Al irme me pintaré los labios de rojo y le besaré todo lo que mis labios besaron anteriormente y le haré jurar que no se quitará la marca del lápiz labial Nunca te lo quites, Bart. Entonces me dirá Lisa, Lisa yo volveré a besarte y yo sonrío porque no tengo planeado que suceda de nuevo. Nunca más. Me pondré su camisa roja, que combina con mi pelo y volveré a casa, donde me espera Mil.

October 25, 2006

Dos poemas inéditos de Mara Pastor en estado óxido

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

Pasaba el mapo por este papel

Los
alfileres
con
los
que
tejo
los
ruedos
mojados
se
oxidan
porque

¿Has visto?
Dejé
Los
tornillos
en las
suelas
del
balcón
También se oxidaron
A mi gato se le oxidó el maullido
de tanta humedad en su guarida
Mis zapatos tienen hongo de tanto
óxido pisado
Si desde el suelo todo se ve diferente, el contrapicado del verso es una mogolla de letras

contraPICADO

hubo
una época
de lejanas tomas
hechiceras, de grandes
casas remotas, bueno, de
remotas casas grandes. Y es
que, ciertamente, mientras más
lejos estaban más grandes se veían
las dichosas casas y más miedo tenía
el que las veía. Hasta que alguien se dio
cuenta del truco: la gran casa era realmente
una escalera, y una vez subías te encontrabas tan
solo a un verso en pasado
October 25, 2006

de: serie severina

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

Venado muerto

Escribe Guillermo Rebollo Gil
Especial para Estruendomudo

“es un acto apasionado,”
dirías tú
apuntando hacia el encendedor

siempre hablas del cigarrillo
como un novelista cubano describe
a su mujer en la cama

una música suena desde muy
cerca

–son los carros—

luego nada,
la ciudad que se resume:
cuatro calles
cinco casas de empeño

todas las puertas del apartamento
abren al interior
de un venado muerto.

*El autor ha publicado tres poemarios: “Veinte”, sus poemas de rabia suburbana y cariño postpaternal; “Sonero”, crítico homenaje al macharranaje boricua y “Teoría de conspiración”, un análisis férreo del fraude político-literario de la isla.

October 25, 2006

Esto no tiene que ver nada

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

redquad2cc 1

Escribe Yara Ivette Liceaga Rojas
Especial para Estruendomudo

Tengo ganas de morderle el brazo a alguien desde ayer.
Pero la boca se me llena de fresas, amor,
y de pasta con carne de animal y queso.
Todo estaba sucediendo como debía,
porque me puse a propósito los pantis de la suerte.

El sol propuso: quiero comerte.
Tez tostada.
Guardo la evidencia en el dolor de las arrugas
cuando río de la quemazón.
Amor,
yo me trenzo los adentros y me dan unas ganas de llorar hijas de putas.
He bebido como debe beber una mujer.
Mezclando hasta la madrugada en el asunto.
Uno de los amigos que más quería cuando adolescente
no me cree que escribo, pero invierte poco más de cuarenta dólares en mí.

Yo le digo cabrón muchas veces de la alegría
de tener sus ojos tan cerca.
La sonrisa y los ojos míos son unos chotas pero él insiste en que no estoy gorda. Yo lo doy por loco, porque mira esta masa de aquí.

la realidad del caso, amorcito, es que disuelvo mis días como azúcar en cualquier sustancia líquida. Fumo con desespero de vez en cuando. Las papilas gustativas en ocasiones se niegan a darme el sí. Durante este verano me rendiré ante la bruma calurosa sin sentir el miedo que me produce un cuarto solo y oscuro. Casi siempre dejo la luz prendida. Otro detalle más me vira la cara para hacerme parecer una escena odiosa del exorcista. Soy un paisaje que tiene la mano monga. Pero de repente me erizo y me salen coreografías de Ankoku Butoh. Cuando me da esa jodienda los nenes se alejan y dicen cosas como: uy. Huelo los alrededores de los collares que me quito para conocerme. Otras manías, cuando entremos en confianza, te las haré llegar.

redquad2cc

October 25, 2006

The Heart of The Matter

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en extranjería

volkgEscribe Pepe Liboy
Especial para Estruendomudo

Habíamos llegado al promontorio por la tarde, como a las tres, uno de esos domingos de interminable modorra, cuando la batería del carro se agotó y tuve que andar dos o tres kilómetros más arriba, y preguntar por quién me podía ayudar a yompear el vehículo. Me hincaba el corazón la tranca de cigarrillos diarios, y no podía sino ver el marcamillas. Le puse una media al carburador, que se había tapado jalando un exceso de gasolina y me acordé cuando me metía debajo del Volky para ponerle los cables del cloche que se habían roto. Nota que fue entonces y no después cuando me dio por pensar en el suicidio de José María Arguedas, que no pudo pagar la mensualidad del Volky, y un pensamiento más que metafísico me llevó andando hasta la pizzería, que estaba al lado de la estación. Alguien había derrumbado la pizzería de Río Piedras en donde comía largos slices cuando nene, y con la muerte de mi papá a cuestas, y los artículos promocionales en el baúl del vehículo, me dio con pensar en las muchachas de izquierda que patrocinaban el arte en San Juan. Cojí el celular y llamé a Aravind.

-Aravind. ¿No sabes quién en la Universidad me podría yompear?- le pregunté.

-Bueno. Si estás en el parking de la Universidad, los guardias tienen boosters. -Me dijo.

-Es que estoy un poco lejos. No de mi madre. Pero no puedo llamarla.

-Debieras escribir un cuento con un párrafo que diga lo siguiente: “Las cuestiones técnicas nos comprometen. Cuando mueren nuestros padres, y no damos clases, y se ha acabado el polvo de oro en la hacienda, empiezas a notar que todos esos detalles como las baterías y los cables, nos agotan y no nos permiten disfrutar de los pocos segundos de alegría que nos trae una emergencia”.

-Yo voy a esperar a llegar a casa. Entonces sí, seguramente empiece un cuento con ese párrafo. No obstante, tiene que llegar alguien.

-Hoy, cuando vas por la avenida, y ves tantos carros, y ya nada queda cerca de tu casa, ni la muerte. Y todo es una lentitud, a pesar de que hay tantas máquinas, te preguntas si es que somos de otra raza y no podemos bregar con esta vida.

-No. En general sí. Lo único que tengo de negro es que se me parten en dos las relaciones. Un poco así como la corriente alterna y directa. Es como si en Europa no hubiera corriente.

-No sé lo que hay.

-Chévere, Aravind. Voy a llamar a mami.

Llamé por teléfono a mi mamá y no la encontré. Volví al carro y le dije a mi novia que la podía acompañar hasta la parada.

-Yo no sé que tipo de persona eres tú, ni qué corriente es la tuya. Menos mal que no llegamos a averiguarlo. A veces es bueno que se dañen las cosas.

-Es que no tienes nada que valga la pena, si lo piensas bien. Ni el carro, ni la computadora, ni los teléfonos celulares. Todo es de segunda categoría. Sin pensar que estás siempre enfermo, con tu carga de tarugos.

-Pero al menos no llegamos a ninguna parte.

-Yo soy buena, no obstante. Sólo que el mantenimiento del vehículo cuesta un poco.

-Por eso te voy a devolver a tus padres. Y a devolverme a mí mismo. Ni expresándome correctamente, alcanzo bregar bien con todas estas máquinas.

*Pepe Liboy, narrador preocupado por la ciencia ficción y la embriología, publicó hace unos años la antología de cuentos más fértiles de la segunda mitad del siglo XX en la isla de Puerto Rico: “Cada vez te despides mejor”. Estruendomudo reproduce con su permiso uno de los cuentos nuevos en que trabaja, parte de la serie sobre los escarabajos mecánicos o los populares autos Volkswagen. Para efectos del Registro Demográfico Pepe es José Liboy Erba, también para la Biblioteca del Congreso, que -a pesar de las resistencias- ya lo clasificó.

October 24, 2006

El desafío cosmopolita

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en pretextos

cosmopolitanismEscribe Manuel Clavell Carrasquillo*

Si se sabe que las cosas están tan mal en todas partes, y al menos se es consciente de que dos millones de personas mueren todos los años por la malaria, 240.000 al mes por el sida, 136.000 por la diarrea y muchas más a causa de la guerras, el fanatismo y la intolerancia, ¿qué responsabilidades éticas nos atan a esa enorme masa de extraños para tratar de evitar más desastres?

El filósofo ghanés exiliado en los Estados Unidos y profesor de la Universidad de Princeton, Kwame Anthony Appiah, intenta contestar esta interrogante en el libro “Cosmopolitanism: Ethics in a World of Strangers” (Norton, 2006). Plantea que el cosmopolitanismo ha sido uno de los principios rectores de los esfuerzos para que los humanos nos acerquemos más a través de la historia, a pesar de las innumerables distancias que nos separan, y que la propagación de esa filosofía no es la solución sino el reto que enfrentamos para mejorar el mundo que compartimos casi nueve billones de ciudadanos del cosmos.

Appiah, hijo de un príncipe de la familia real de Ghana y de madre inglesa, recurre a una frase de Terencio para resumir su propuesta: “Nada humano me es ajeno”. De ahí, explica, surgen las bases del cosmopolitanismo, que son, de un lado, el reconocimiento del compromiso de cada cual con los demás y, de otro, la afirmación de que todos somos diferentes pero que mucho podemos aprender de esos contrastes. El problema es que estos principios conducen a una paradoja: si usamos una perspectiva cosmopolita para actuar, y respetamos las diferencias, entonces no podríamos pretender que las sociedades asuman valores idénticos ni el mismo modo de organizarse.

A través de capítulos breves escritos con claridad y sencillez, el autor se adentra en el territorio minado de los conflictos morales. ¿Es correcto intervenir, para cambiar, las coordenadas morales de las demás culturas? Los antropólogos, atados a los mandatos del positivismo, han contestado que no y han adoptado el relativismo para defender sus posturas. De esta forma, lo que “está bien” y lo que “está mal” es relativo y sólo podría ser determinado por las tradiciones locales. Un extranjero no tendría derecho a hacer críticas morales. Los positivistas, enfocados en la “verdad” de los “hechos” que investigan, apuestan a que su relativismo se traduzca en tolerancia.

Los cosmopolitas deben entender que el método científico no es útil como herramienta para comprender valores. Lo que nos parece razonable no necesariamente le resulta admisible a una sociedad que practica la “circuncisión” femenina, censura la expresión pública, condena a muerte a los homosexuales, aplica literalmente preceptos religiosos antiguos, extermina razas “inferiores” o recurre al totalitarismo como modo de gobierno. Según Appiah, el cosmopolita tiene que aceptar que nada garantiza que podría persuadir a los demás para que adopten sus puntos de vista. Por esa razón, opina que conversar con vecinos o extraños tiene que ser una actividad que no pretenda acuerdos finales y firmes.

Queda claro que el cosmopolitanismo es una serie de conversaciones sobre cuestiones morales entre fronteras y que, para sostenerlas, hay que partir de las divergencias. En cuanto a las reglas del diálogo, Appiah expone que deben garantizar que los participantes se entiendan; no que se pongan de acuerdo. “Una vez entiendas el sistema, puede ser que estés de acuerdo, y no será porque has claudicado a defender tus compromisos morales básicos”, expresa. Además, menciona que “no hay que compartir un valor para entender cómo motiva a otro”.

Aunque parezca que el autor favorece la “regla de oro” que establece que no se debe hacer a otros lo que no nos gusta que nos hagan, en el fondo la confronta. Siembra dudas, porque presenta la hipótesis de que al pensar en qué es lo que nos gusta y qué no, siempre tenemos en cuenta nuestros valores y creencias pero descartamos las de los interlocutores. Los cosmopolitas deben calzarse los zapatos de los recién conocidos –no necesariamente caminar como ellos– para defender una coexistencia basada en llegar a acuerdos sobre las prácticas correctas al tiempo que disienten de sus justificaciones.

El libro está repleto de ejemplos y anéctodas autobiográficas que mantienen a los lectores interesados no sólo en asimilar las ideas del autor mientras las discuten, sino en acercarse a situaciones de tensión que aún quedan irresueltas. Por ejemplo, recuerda que sólo hace unas décadas se pensaba que las mujeres de clase media no serían más que amas de casa y que los gays no saldrían de los armarios. Hoy, más gente tolera o se ha acostumbrado a convivir con las madres trabajadoras y los homosexuales a pesar de que no concuerda con los valores (demócratas, igualitarios, antidiscriminatorios) subyacentes a este tipo de progreso. “No todo el que concibe estos actos como perversos piensa que deben ser ilegales”, concluye.

Luego de comprobar que la conversación intercultural no tiene que desembocar en el consenso valorativo para ser efectiva, Appiah se sumerge en la teoría de la contaminación. Arremete contra los conservadores que se resisten a los cambios de la globalización en comunidades que supuestamente antes permanecían aisladas. Critica el paternalismo de los que predican que la irrupción del capitalismo en todos los rincones produce consumidores homogéneos y que, por lo tanto, los que sí conocen esta “verdad”, y no se dejan engañar por las “trampas” del mercado, tienen que protegerlos. Con cinismo, hace una pregunta retórica: “¿Qué se puede decir del alma de alguien porque bebe Coca-Cola?”.

“No necesitamos, nunca hemos necesitado, comunidades arraigadas, un sistema de valores homogéneo, para tener un hogar. La pureza cultural es un oxímoron. Las probabilidades son de que, en términos culturales, ya tengas una vida cosmopolita, enriquecida por la literatura, el arte y el cine que proviene de muchos lugares y contiene influencias de muchos otros”, alega el profesor, concediendo que la cultura tiene que estar contaminada. Esa contaminación, precisamente, es la que lleva al cosmopolita a chocar con los fundamentalismos de las identidades. En este sentido, las esencias o los patrimonios culturales se hacen débiles en la medida que las conexiones humanas ocurren no tanto por “aquello que nos une”, sino a pesar de las diferencias.

Rechazar la contaminación ha convertido a muchos universalistas en anti-cosmopolitas. Osama bin Laden y sus contrapartes católicos y protestantes pretenden imponer a todos sus “verdades universales”. Asimismo, “los cosmopolitas también creemos en la verdad universal, pero estamos menos seguros de que ya la poseemos”, indica Appiah. Por lo tanto, el cosmopolitanismo es un arrojo de “inteligencia, curiosidad y compromiso” hacia la asunción de la fragilidad humana. Por ello, al final vuelve la advertencia del principio: pensar el mundo desde el cosmopolitanismo no es la solución del desastre heredado, sino el comienzo del reto.

*Esta reseña fue publicada originalmente en la sección Pretextos de octubre de 2006 del mensuario Diálogo, periódico de la Universidad de Puerto Rico.

October 18, 2006

Jeffrey Sebelia mejor diseñador de Project Runway

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en desvío

jeff

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

Aposté al salvaje y gané. Lanzó a la pasarela del NY Fashion Week en el Bryant Park una colección innovadora, reinventando vestidos clásicos a diestra y siniestra con una visión punka dominada por los pantalones rockeros, colores raros brillantes y textiles favorecedores del movimiento intenso, provocador, loud; sin dejar de ser cosmopolita y fino.

Jeffrey era junkie pero de alguna manera su colección demuestra que, aunque vive sin la teca, sigue siéndolo. “In fashion, one day you are in and the other you are out”, dice Heidi, la presentadora del famoso programa televisivo. Hoy es el día de Jeffrey. “We’re out, definitively”.

jeffrey paint dresscropsmaller

October 18, 2006

En el terapista con mi perra Gaika

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en gaika: perra salvaje

Escribe Manuel Clavell Carrasquillo

A D., en sus 30 años.

Michael KeatonAl fin concreté la cita con el terapista, yo lo quería maricón y lacaniano. La perra, por supuesto, reñía por una reunión de pareja con hombre mayor y aristocrático; preferiblemente con experiencia psiquiátrica, porque lo de ella eran las pastillas. Llegamos al Ashford Presbiterian Hospital en la avenida Ashford y enseguida comenzaron las escenas. Aunque me había programado para dejarla hablar y hacer de las suyas frente al profesional de la salud mental, había olvidado el antes y después del encuentro. Gaika haría de las suyas mientras pudiera. Me bajé del auto y decidí dirigirme hasta la farmacia para comprar la prensa. Bueno, es un decir, la prensa está comprada. Justo cuando tocamos la acera se nos cruzó una pareja de ancianos. Ella, regordeta, lo guiaba a él; presumiblemente a la cita con el neurólogo para repetir la rutina de la lectura de los laboratorios para medir los niveles del Alzheimer. La maldita condená comenzó a ladrarles sin que yo tuviese idea de qué pasaba. Iba distraído, ofuscado en organizar mis pensamientos, inventando mentiras en la mente para más tarde decírselas al médico. Gaika halaba el cordón con fuerza y tuve que someterla a la obediencia. “Carajo, perra del demonio, ¿qué te pasa?, no me hagas maltratarte en plena calle hoy, que vamos para la terapia”. Luego de resolver la situación y calmar a la vieja, subimos. La secretaria, solterona simpática, me preguntó que si la perra era mía y por qué no la dejaba en casa. Le contesté con una malacrianza directa: “La traje porque me lleva por la calle de la amargura y porque me sale de las jodidas ganas. Por eso es que el doctor tiene que verla”. No rechistó y enseguida llamó nuestros nombres. Era como si hubiese querido deshacerse de nosotros y de nuestras respectivas neurosis. Confieso que quería que el médico se pareciese a Michael Keaton. De esa forma, hubiese podido decirle bajo el privilegio del secreto médico-paciente que me encantaban sus ojos de Batman. Lamentablemente no conseguí satisfacer mi fantasía. El doctor se parecía, más bien, a Don Francisco, así que, aunque era gay, tuve que hacer de tripas corazones. ¡A ver cómo me funcionaba la teoría de la transferencia! Gaika se acomodó en el diván y me dejó la silla. Desde allí le ladraba al galeno que yo me masturbaba cuatro o cinco veces al día observando a los vecinos. Le dijo que al cocinar, yo gastaba más agua de la cuenta y que no podía vivir sin los chiles habaneros; una obsesión típica de una loca obsesiva compulsiva. Además, no tardó en explicarle que yo le había cogido pena en la adopción porque ella era una gusana vasca que detestaba a la ETA. Es más, le dijo que me masturbé frente al televisor cuando vi la última sesión en las Naciones Unidas del secretario general Kofi Anan. Como me había programado para dejarla hablar hasta que saciara su sed de venganza, no dije nada para contestar las injurias graves, pero pensé que esa cabrona se las iba a ver negras cuando llegáramos a casa. La torturaría llenándole el plato de la comida -y también el del agua- con anchoas. Never mind, doctor, never mind, dije para mis adentros, mientras la perra castrante repasaba mi último episodio de ataque de pánico: estábamos preparando un BBQ en la azotea del condominio y Gaika se encaramó en la baranda para ladrarle a un hippie barbudo que trotaba. Pensé que me iba con ella hacia el abismo por desbalance al enfrentar la línea divisoria que traza la baranda (De or. indoeuropeo; cf. sánscr. varanda, barrera, tabique) sobre el cielo. Olvidé el atardecer anaranjado, sólo se me vino encima la imagen del abismo. Morir por ella y junto a sí, esa idea confusa, me provocó flojera en las muñecas y solté el tridente con que pinchaba las carnes que asaba. El estrépito la hizo voltear la cabeza y, cuando vi que se les salían los dientes en gesto de furia contra mí por haberla distraído, más que le salían varias babas por el hocico español de mala leche, quise que la tierra me tragara. “Esta perra me domina hasta los vértigos. Coño, doctor, ¿qué hago?”.

October 18, 2006

100 años de absurdo y Samuel Beckett en Puerto Rico

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en desvío

Para detalles: click en la imagen.

October 16, 2006

Triste aspiración de una euforia farmacéutica

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en incontinencia

cocaineEscribe Manuel Clavell Carrasquillo

La última gota de ego se sostenía titubeante entre los labios del muchacho. Traté de observarla sin que se diera cuenta y disimular las ganas de recogerla entre los míos. Por eso fue que cambié el tema de enchule y me desvié hacia uno salubrista.

Veníamos del baño trasero del antro y cada uno hacía el esfuerzo de caminar entre la multitud sin sentirse superior a los que no se habían metido coca. Se trataba de una ceremonia íntima que repetíamos a menudo, desde hace tiempo, automáticamente, como si ya no sintiéramos los estragos iniciales del amargo sabor farmacéutico atrapado en la garganta.

Llegamos a la pista de baile con todo el peso de las rayas inhaladas más dos tragos de Bacardi Razz que acabaron con nuestros presupuestos. Madonna en house aportó lo suyo para que nos juntáramos y nos quisiéramos debajo de las luces fluorescentes y los rayos láser. Cher mixeada por el Dj en una especie de reguero musical fuera de orden nos entró hasta el centro del pecho y nos invitó a quitarnos las camisas.

Una premonición de carjacking se coló entre las bocinas y al rato se instaló en la figura de una cara pintorreteada que divisé más adelante. No dejé de bailar pero, después de encender un cigarrillo y extender mis brazos sudados sobre sus hombros flacos, acerqué mi boca a sus oídos y dije que cada vez nos alejábamos más de casa.

Esas imágenes no me llevaron al pánico, sino de vuelta al baño, solo, para repetir la dosis. Allí me encontré con un licenciado, que –según inventé– insinuaba que podía ayudarme. Pronto le advertí que no procedería, lo dejé con la palabra en la boca, y me encerré en uno de los cubículos. El humo/ más el rón/ más las ganas de que nada durara/ acentuaron el sabor farmacéutico./ La cabeza me dio vueltas/ una vez sobre sí misma/ aunque (si usted me hubiese observado)/ desde arriba,/ porque el supuesto techo del cúbiculo/ era descubierto,/ no se hubiese enterado.//

Salí de allí sacudiéndome las narices, buscando aire. Un amigo se me cruzó enfrente y me preguntó por mi familia. Me sentí más fuera de onda y circunstancias. Lo ignoré, quise invisibilizarlo. Puse énfasis no en los apellidos de mi estirpe sino en la erotización de los nervios heredados. El cuerpo no respondía. En esos momentos se dedicaba a flotar en el vacío de las ganas liberadas. La música se me metía por dentro ahora tres, cinco, siete veces. La carne que yo soy la sentía como marinada en una crápula semicivilizada.

Por unos segundos cancelé todas mis responsabilidades.

Un viaje con ron y cocacola (pongo cocacola aquí para efectos del programa de protección de testigos), no autorizado por la oficina local de pasaportes. Triste sustituto de las hierbas buenas y el líquido sin profilácticos. Provocan fuga de madrugada a los reinos de otros pómulos explorados por dentro. Hay que morder el centro de otra lengua para que el sobrante del traspaso de los polvos níveos se disuelva en la saliva e hinque bien; porque no es otra cosa que punzada: salobre, ácida y estimulante. La meta fue la raya que me presentó el asaltante. La cosa fue que intenté joder toda la noche y terminé encañonado. Un cañón niquelado y un círculo neón de compromisos aplazados pa después y preceptos disciplinarios me alumbraba la cara de vergüenza. Entiéndase: la sonrisa cincelada allí durante varias horas quedó burlada y los ojos se me congelaron en actitud de venga más, que más merezco. Un azoro, la continuidad artificial de las pulsiones y una euforia que me entró para transformar lamentos en bailes y movimientos espasmódicos en debilidades erráticas. Entre nosotros dos (y el tipo) todo estaba mal coordinado.

October 15, 2006

Fin del concurso de Microrrelatos Paranoicos: Anuncios, desilusiones, balances y constitución del jurado

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

RACHEL WILBERFORCELa Redacción de Estruendomudo agradece todas y cada una de las participaciones, pero queda un tanto desilusionada por la pobre calidad y excesiva extensión de los relalatos, que muchas veces no son micros y son demasiado largos. Hemos sido tolerantes, demasiado, porque este es un concurso abierto y sin premio en metálico.

Quisiéramos, sin embargo, hacer énfasis en que hay una vigilancia permanente en la mente del escritor que no se activó en muchos de los participantes. Quizás no hubo miedo a la mediocridad o a la repetición de lo ordinario. Quizás no hubo autocontrol, autoedición ni consideraciones paranoicas. Narciso es el principal artista de lo exagerado y lo antiparanoico. Habría que escoger un patrón de certamen que se incline hacia lo más pulcro. La brevedad, definitivamente, es un valor vilipendiado.

Debido a estas consideraciones y a la cantidad de textos sometidos, tomará algunos días la deliberación del jurado, disperso en varios puntos cardinales del orbe, por aquello de la paranoia. Los integrantes serán anunciados a su debido tiempo y también su laudo.

PD: Micro es micro, y relato es relato.

October 15, 2006

La voz (XXXIV Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

monstruoEscribe Yazmin Mercado

Sally estaba sola en la oscura sala de su enorme casa. Hablaba por teléfono con un amigo que de pronto le preguntó: “¿De qué se ríe tu hermana?”. Sally comenzó a temblar. Le explicó que su hermana no estaba con ella. Su amigo le dijo: “Acabo de oír una risa en tu casa”. En ese momento se cortó la llamada. De pronto, Sally sintió una brisa muy fría que le rozaba el cuello. Al mirar lentamente hacia atrás, la vio, era una criatura espantosa, tenía garras largas y era muy peluda. Sally miró hacia atrás de nuevo y no había nada. Todo fue producto de su imaginación.

October 15, 2006

Mendicante (XXXIII Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

mendicante

Escribe Miguel Angel Gray

dios,
tantas posibilidades

me aterran

he destapado una olla de grillos
tengo que escoger
escoger
escoger
una mínima cosa

October 15, 2006

El plan secreto (XXXII Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

semEscribe Amadonn Vadell

Lo tomó en sus manos y lo agitó hasta sacarle la mayor cantidad de hijos posibles. Los introdujo en las próximas victimas a las que les hizo la prueba vaginal. Estaba orgulloso de su gordo y largo instrumento. Me pregunto: ¿seremos hermanos?

October 15, 2006

Grito en la nieve (XXXI Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

Nieve frente a la casaEscribe Iva Yates

Nieve. Gente en la nieve. Dos mujeres y un adolescente haciéndose pasar por ángeles en la nieve. Más nieve. Dos mujeres posan con un gato sobre la nieve. Una señora con abrigo, sombrero de lana, botas y guantes le echa gasolina a una camioneta. El cielo es gris. Nieve. Más nieve. Más nieve. Ahí está –la puedo ver; también en la esquina. Hay un poco sobre la mesa. Cada vez se acerca más. Salgo a la calle para que el sol tropical me reconforte; para que la aleje. Miro hacia la casa, de reojo, y veo como una bola de nieve viene tras de mí. Grito.

October 15, 2006

Espiado (XXX Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

Big Brother 2Escribe José Borges

Cada vez que uso la tarjeta de crédito, les digo dónde he estado (uso efectivo en El Boricua; no quiero ser terrorista). Saco dinero de la ATH y me ven el rostro (lejos de Lares el 23; no quiero ser radical). Compro por Amazon y les digo mis gustos literarios (nada radical; no quiero ser insurgente). Alquilo por Netflix y saben qué veo (sólo las de Hollywood; no quiero ser liberal). Uso la Pueblo Card y les informo mis hábitos nutricionales (papitas, Coca-Cola; no quiero nadar contra la corriente). Con la tarjeta de las farmacias El Amal pueden saber de qué padezco (nada de condones, ni lubricantes; no quiero ser aberrante sexual). Uso gorra, gafas y abrigo; para que no me reconozca el que vea el filme de las cámaras. No saludo a los vecinos; no quiero que sepan quién soy. Me comporto en mi habitación; no sé quién pueda observar, escuchar… averiguar. Me acuesto y, en la oscuridad, me voy al único lugar donde nadie me puede espiar; mi mente, mi imaginación. Al menos, por ahora.

October 15, 2006

Sueño marroquí a colores blanco y negro (XXIX Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

te arte redes com nocturamaEscribe el Ciudadanoem

despierto a media noche y noto la cremallera rozándome lo que se supone encierre. la bebida marroquí destronó mi vida, mis sueños. siento en la cama a un ser a quien no conozco. pienso en que no tengo plan médico para curar la pena que me da la oportunidad de sufrir esa enfermedad a la que todos temen. marruecos sólo me ha traído tristeza. marruecos ha destrozado mi vida. ¿qué le diré a mis hijos? ¡hay san goytisolo! mejor me acabo sin que ellos sepan.

October 15, 2006

Casi me tienen (XXVIII Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

psychedelicEscribe Ramón Hernández

Al fin puedo sentarme a escribirlo ahora que el televisor se burla de mí igual que los periódicos en el supermercado, ahora que el televisor tiene camisa nueva. Las señoras se persignan al verme pasar. Y las mas jóvenes bailan con la música de sus clítoris eternos sintiendo mi recuerdo entre sus piernas. Definitivamente me persiguen, ya no sé dónde meterme. Si salgo me siguen, si no salgo me vigilan. Me cuentan los pasos, me huelen las toallas, secuestran mis navajas ya usadas, aparecen limpios los cristales de mi auto y de mis espejuelos. He decidido no usarlos. Me obligan a ver nublado como si el azul del cielo se hubiese apoderado del día, como si el mar me comiera la vista. Se ven reflejados en mis zapatos y cuando miro desaparecen como moscas sicodélicas. Me hacen muecas en los ascensores, le rozan las nalgas a mi esposa, desaparecen misteriosamente mi estetoscopio y mis bolígrafos. Me persiguen, los veo en los escaparates y en las botellas de vino. Mis ojos claros están más oscuros cada día, me odian los abogados y los jueces y los atardeceres rojos de esta isla. Me persiguen en los aeropuertos los metales y las luces, me retratan desde los semáforos, me quisieran ver convertido en un renegado, pero la historia baja y sube como la bolsa de valores, los veo noche a noche en los espejos de mi existencia. Quisieran dinamitar mi consciencia, por eso tengo que recordar mis mentiras con más fuerza para no despeinarme. Los tribunales nunca callan y tampoco descansan, como los tiburones. Quisieran verme encadenado como a Colón, me quieren destruir desde sus cámaras secretas, desde sus apetitosas frutas, tomo y suelto la mano de mi esposa como se toma una cruz o un préstamo. Me rompen la rutina, sigo perdiendo contra la música del tiempo y los helicópteros vistos desde abajo. Me quieren duplicar en una celda, me quieren clonar y que al irme otro igual venga otro a sustituirme, pero yo me niego a entregarles mi esqueleto, mi polvo, mi reloj y mi retiro. Usan rayos ultravioleta para volverme antimateria. Oigo sus pasos, están cerca, el talentoso fiscal con sus fieras, casi me tienen, casi me tienen… no saben que tengo un microrrelato entre las piernas.

October 15, 2006

Paisaje absorbente (XXVII Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

barranquitasEscribe Alejandro Cirilo

Y el domingo después de todo, se encontró parado en la plaza de Barranquitas a las 11 de la mañana. Cuando se dió cuenta de que lo había borrado todo, no prestó atención a ese detalle. Detenido y completamente sobrio, comenzó lo que pensó sería el viaje hacia el resto de su vida. Horas después, cuando no reconoció el sitio en que caminaba y pensó de que ya no era su realidad ni ninguna otra que pudiese comprender, entonces se activaron en automático sus pánicos preparándose para algo que sólo tendría como fin herir a su persona. Desde que supo que tenía que caminar para no quedarse en el mismo sitio decidió seguir caminando pero esta vez cargando en la espalda todos sus pesados terrores.

-“Pude caminar hasta el cansancio, pero antes del cansancio ya no me veía. Luché tanto, pero sin saberlo ya el paisaje me había absorbido”.

Foto del Municipio de Barranquitas, 1941.

October 15, 2006

Fragmento del libro de mi abuela (XXVI Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

nino colgadoEscribe Isabel Batteria

Terminada la sesión, regresan por el pasillo oscuro. Pérez llama a un ayudante y le ordena con tono serio y autoritario: “Tráeme la soga”. Luego te pregunta:

–¿A ti te han dicho que nosotros colgamos a la gente desde la azotea?

–No, nunca oí nada de eso.

–Vamos a la azotea.

Cuando empieza a subir, aparece el otro con una soguita de dos pies de largo. Pérez se pone a jugar con ella. Le dice al otro “Llévatela a su celda”.

Ilustración JJFEZ.

October 15, 2006

Miedo (XXV Microrrelato Paranoico)

Por: Manuel Clavell Carrasquillo en micros paranoicos

miedoEscribe Gabriela González Izquierdo

Comenzó mordiéndose la uña del dedo pulgar izquierdo. Poco a poco y a paso seguido llegó al índice, al corazón, al anular y al meñique: Mano izquierda primero; derecha después. Era inevitable que al final, y sobre todo en esta oscuridad, se confundieran las uñas con dedos y los dedos con brazos, más que nada por el miedo, mayormente por el miedo, solamente por el miedo que al fin y al cabo duele más que el dolor.

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